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    Película: El efecto mariposa

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El Camino de Sanrupertiago 2015 – El Camino del Norte

Lykke Li – I follow rivers: https://www.youtube.com/watch?v=oS6wfWu0JvA

Hace dos años hice por primera vez el Camino de Santiago en bici por el camino francés, el más transitado, el de más ambiente, la Gran Vía en hora punta hacia Santiago. Me quedó tan buen recuerdo de ir con lo básico en dos alforjas, de la naturaleza y los paisajes, de las horas pedaleando y de la gente a la que nos cruzamos que sabía que repetiría. Porque de los madrugones, los moratones, el calor y el ir siempre lleno polvo te olvidas al día siguiente. Fue posible este año.

 Si Raúl lo hace yo repito

Esta vez decidimos hacer el camino del Norte. Esta ruta se remonta en la historia al siglo IX, por lo que es tan antiguo como el Francés, y fue una vía utilizada por numerosos peregrinos europeos que llegaban en barco a la costa norte de España. Además en la Edad Media esta ruta para evitaba pasar por el territorio ocupado por los musulmanes.

UN POCO DE HISTORIA

Relata la leyenda que después de la muerte de Jesús en el 33 d.c, sus apóstoles se dividieron por Europa para predicar el Evangelio. A Santiago le tocó el territorio de Hispania. A su vuelta, Herodes le tortura y decapita en su persecución a los cristianos y prohíbe que su cuerpo sea enterrado. En secreto sus discípulos llevan de noche el cuerpo a una barca y comienzan una travesía marítima hasta llegar a Iria Flavia, donde le dieron sepultura.

Alrededor del año 813, un ermitaño llamado Pelayo la descubre por los resplandores que emitía (de ahí deriva el nombre de Compostela, campus stellae) y se lo comunica al obispo Teodomiro que la identifica como los restos del apóstol Santiago por la inscripción en la tumba. Éste se lo comunica al rey asturiano Alfonso II el Casto, que ordena la construcción de un santuario. Este templo fue sufriendo diversas modificaciones hasta convertirse en la actual catedral que es ahora, y a su vez se desarrolló el núcleo urbano contiguo.

El camino de Santiago surge a raíz de las primeras peregrinaciones, que comenzaron alrededor del año 1000, y está documentado cómo fue, junto a Roma y Jerusalén, una de las tres principales rutas de peregrinación de la Edad Media.

Una vez tenida esta experiencia os la recomiendo. Lo primero, por ser un plan distinto a cualquiera que hayais hecho y hareis. Lo segundo, porque ver el ambiente de la demás gente que peregrina te toca la fibra trascendental un poco, incluso a los machacas de la bicicleta, y con el ritmo diario a nadie le viene mal un poco de esto.

¡Para los que estéis planeando este viaje, aquí dejo el resúmen de lo que hicimos nosotras!

MATERIAL PARA EL VIAJE

  • Bici: y si estais dudando en compraos una buena, yo os lo recomiendo. Estaba dudando si llevarme la básica mountain bike de mi padre y al final me decidí en invertir en una aunque modesta, moderna, y me alegro mucho. Un buen cambio de marchas se agradece en las subidas, y el freno de disco da seguridad a las señoras bajadas que también haréis. Y esto, en conclusión, os hará disfrutar del camino.
  • TrasportÍn: los modelos son distintos para freno normal de zapata que para las de disco.
  • Alforjas
  • Dos pulpos de sujección
  • Calapies o punteras: de nuevo, se agradecen
  • Casco
  • Guantes de ciclismo
  • Gafas de sol
  • Culotte: no racaneeis en esto que es vital
  • Funda de gel del sillín: aunque yo había oído que al final es incómodo porque se mueve, también se agradece
  • Cámara de respuesto y bomba de inflar
  • Kit arreglapinchazos
  • Candado de bicis
  • Dos bolsas de basura para proteger las alforjas sin llueve. No lo pongais por encima, meter el contenido de las alforjas dentro de la bolsa.
  • Saco de dormir ligero o sábana de saco que ocupa menos, según la época del año.
  • Cuatro pinzas de ropa.
  • Neceser y toalla pequeña
  • Ropa y calzado: hay que llevar lo básico por cuestión de peso, y sin olvidarse del chubasquero y alguna prenda de manga larga, porque aunque sea verano por las mañanas hace frío y la brisa sobre la bici refresca.
  • Tapones para los oídos: ya que los albergues de peregrinos son de habitaciones comunitarias, los recomiendo encarecidamente.

ETAPAS

ETAPA 0: MADRID – GIJÓN

Dividimos el recorrido en una etapa más que cuando lo hicimos desde León porque aunque la distancia era parecida el perfil tiene bastante más relieve.

Yo viajé antes en el tren desde Chamartín para visitar a los amigos que dejé después de unos cuantos años viviendo allí, pero el transporte oficial fue la furgoneta alquilada para poder subir el material. Supuestamente en el tren puedes llevarla, pero la información que da Renfe es bastante confusa (ponen unas normas en la web y luego al preguntar en la estación de Chamartín según a quién preguntáramos nos dijeron cosas distintas cuando lo hicimos la primera vez). Muy en la línea de esta empresa, por lo que preferimos no arriesgar. Después de pasar uno de esos días completos visitando a unos y otros, y en el que me encargué además de recoger las credenciales en la Oficina de Turismo de Gijón (Muelle de Fomento), nos reencontramos el equipo a la noche en Hotel Albor.

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Gijón, que guapín que eres

ETAPA 1: GIJÓN – SOTO DE LUIÑA (62 km)

Salida 9.30 am – Llegada 19 pm

Empezaremos aclarando que nuestras horas de salida y referencia no son ni orientativas para el resto, porque admitimos que como mujeres tenemos que parar a quitarnos la chaqueta porque tengo calor, a ponernosla porque tenemos frío, a echarnos crema del sol, saca de la alforja, mete de la alforja… en fin, ¡estas cosas! En la salida de Gijón esto se acentúo. Primera parada en las letronas:

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Qué raro, estaba nublado

Luego ya que el camino pasaba por la puerta del que fue mi centro de trabajo durante varios años, cuando yo todavía no sabía muy bien lo que era aquello del camino, había que parar también. Algunos de los que fueron mis compañeros salieron a saludarnos.

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Y a currar, ¡que la que está de vacaciones soy yo!

Y de esa calle para arriba atravesando el barrio de La Calzada, si el camino pasa por la misma puerta de Santos… ¡había que parar también! Santos fue mi paciente durante una larga temporada después de sufrir un accidente grave que le dejó en coma. El día anterior comiendo juntos celebramos, como otras veces que he subido por allí después, eso mismo, que podemos estar comiendo juntos.

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Y a vivir que son dos días guaje

Por esa misma calle, sí, volvimos a parar. ¡Ya lo he advertido! Había una gasolinera y aprovechamos a hinchar las ruedas. ¡Es importante que vayan bien de presión bicigrinos! Y ya de ahí comenzamos la salida de Gijón, pasando por algunos pueblos de los alrededores hasta aproximarnos a Avilés. Este trozo es bonito, respiras el olor de tantos eucaliptos con los que han reforestado Asturias y el paisaje combina la naturaleza verde con la vista de las grandes plantas de industria pesada de Asturias.

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Arcelor-Mittal, sustento laboral de medio Gijón y Avilés e indirectamente de otros tantos, como fui yo. Atendí a muchos trabajadores que llegaron de esta planta, Santos entre ellos.

En Avilés el camino está un poco confuso y en vez de hacerlo por ahí fuimos por la carretera. Pasamos por Ranón hasta llegar a San Juan de la Arena, donde hay una bajada guapísima, y paramos a comer un poco más alante en Muros de Nalón (Casa Olaz, buena calidad pero un poco subido de precio para lo que es Asturias).

Retomamos camino. Pasamos por un pueblo llamado El Pito donde nos sorprendió ver un Versalles asturiano. Y de ahí hicimos una bajada muy fuerte (y por tanto, ¡muy muy guapa otra vez!) hasta Cudillero. Si no sois tan pesados como nosotras la recomendación es que llegueis aquí para comer porque en la plaza del pueblo hay muchos restaurantes con menús a precios muy buenos y una comida tradicional riquísima, a parte de que es un sitio con mucho encanto.

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En la Plaza de Cudillero sonriendo ignorantes de la que se nos venía al salir

La física siempre dice que “todo lo que sube tiene que bajar”, pero en el camino el bicigrino aprende pronto que la frase aquí es: “todo lo que baja tiene que subir”. La cuesta de salida de Cudillero es mortal combat, tal cual. Fue el tramo más duro que recuerdo de todo el recorrido. Pero eh, plato 1 piñon 1 y con calma. Y al que le haga falta bajarse a empujar la bici sin ningún problema que esto se hace para disfrutar.

El recorrido nos premió a continuación con una cuesta suave hacia abajo bastante larga para acabar subiendo un poco hasta llegar a Soto de Luiña, donde pasamos la noche. El albergue de peregrinos es la antigua escuela, y el encargado es Pepe el del bar. Cuando llegas allí no hay ningún encargado, simplemente coges cama, dejas las cosas, y después de la ducha bajas al bar a registrarse, sellar la credencial y pagar. Así que eso hicimos y nos quedamos en el bar para cenar.

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Albergue, antigua escuela municipal, de Soto de Luiña

ETAPA 2: SOTO DE LUIÑA – LA CARIDAD (72 km)

Salida 9.30 h – Llegada 19.15  

Después de una noche no asturiana, sino toledana, comenzaba  mi etapa de penitencia… o como me hice 72 km de montaña con una gamba.

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La cuesta de salida Soto. De peregrina a Santiago a penitente al más puro estilo Sevilla.

Algo me sentó mal de la cena, o más bien me sobró, y me desperté por la noche en el albergue con mucho dolor de estómago. Me pasé la noche intentando dormir para abrir de nuevo los ojos, ver que seguía siendo de noche y que Clara y Leti seguían dormidas, hasta que llegado un punto me levanté para ir al baño y conseguí vomitar. Así otra vez y otra vez, y a la tercera ya avisé a mis amigas (Leti se movió un poco y decidí que clarísimamente estaba despierta). Para esa hora los primeros peregrinos empezaban a levantarse por el albergue, y al salir del baño me crucé con una mujer ancha que vestía con una chilaba y unas zapatillas de futbol sala. Aun en mi estado, algo ya me pareció sospechoso.

Fuimos a desayunar al bar de Pepe, un Aquarius sin ganas para mi, y en la mesa del otro extremo del bar dos personas nos empezaron a hablar. Uno era un señor mayor italiano que farfullaba cosas medio entendibles, tenía no se qué record de peregrinaciones a Santiago, y la otra decía ser su representante. Era la mujer de la chilaba que confirmo que estaba como unas maracas. Supuestamente estaba haciendo el camino con él porque iba a sacar un libro con su historia, pero en medio nos decía que había hecho un casting para un programa de cambio de look pero la habían dicho que a ella no le hacía falta, que ella sabía que lo que les interesaba era la historia de Luigi. A parte de que ella era “happy desde siempre”, y de que su vecina la decía “Pilina, vete a animar a mi madre que tiene depresión”, gritaba “Happy, happy!”, “Cocaína cósmica!”. Nos hicimos una foto con ellos porque sabíamos que iban a acabar en Telencinco (y un mes más tarde así fue…).

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Para cocaínas cósmicas estaba yo, pero esto había que inmortalizarlo

Y sin más dilación (¿nos parece poca?) partimos del albergue de Soto de Luiña. No me encontraba nada bien pero confiaba en que se me fuera pasando y al menos había que intentarlo.

A penas a la hora de salir y mientras empujabamos las bicicletas cuesta arriba para salir de un camino que no era y que estaba en muy malas condiciones, aproveché la coyuntura para tirar la bici y vomitar el Aquarius. Hay que hacerle caso al cuerpo y si te estás tomando algo sin ganas… ¡no lo hagas! Caras de preocupación, pero mi esperanza de irme encontrando mejor aumentaban después de esto.

El camino era un sube y baja cruzando pueblos. Hacía un tiempo para tener calor en la subidas y algo de frío en la bajadas, y el camino empezaba así, un sube y baja pasando por pueblos. Al pasar por uno que se llamaba Tablizo, no se me olvidará ya el nombre, fui a quitarme el chubasquero que me estaba en ese momento dando mucho calor y dije “en marcha no que te caes”, y frené en seco saliendo por encima de la bici. Me pegué un buen Tablizo. Como una cucaracha en mitad de la carretera con la bici encima aplastándome una abuelita muy amable salió a preguntarnos a lo lejos si estaba bien, pero sólo fueron unos raspones. Santiago, ¿qué más me tienes reservado este día?

Al pasar por el pueblo de Castañeras nos desvíamos un momento a asomarnos a la Playa del Silencio, una de las más bonitas de Asturias.

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¡Venga esa sonrisa!

Y para la hora de comer llegamos a Luarca, un pueblo costero de lo más representativo de la parte oeste de Asturias, al que se entra a través de una bonita bajada.

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¡Hola Luarca!

Paramos en un restaurante cualquiera de los que están en el muelle (en todos se come bien). Leti y Clara se metieron unos cuantos platos de mar mientras yo me agarraba con mi vida mi bote de agua con una pastilla de Isostar diluída. Y al final decicí comerme una gamba para quitarme la cara de pena ya que me estaba encontrando algo mejor.

Continuamos después de comer. Vuelta a la frase de que si la bajada era guapa… luego hay que subirla. La salida de Luarca no es tan dura como la de Cudillero aunque si un poco más larga. Paciencia.

Ya cerca de nuestro destino pasamos por Navia y su ria. Y de ahí como de costumbre por la carretera… recta, recta, recta.. muy recta… tanto que Leti amenazó con bajarse de la bici en el primer albergue que viéramos, pero animándola al llegamos a La Caridad. Yo ya me había chinado después de lo que había sido el día.

El albergue en el que nos quedamos está nada más entrar al pueblo a la izquierda que es como una chalet de una sóla planta baja. Ducha, salir al supermercado para comprar un par de cosas… y un aperitivo antes de la cena. Con mi Aquarius me entraron apeteciendome unos trozos de empanada… Y cenar me comí mi filete de pollo con arroz blanco.

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Pero estas dos no perdonaron el orujo de hierbas, ¡ole!

ETAPA 3: LA CARIDAD – MONDOÑEDO (57 km)

Salida 9.15 h – Llegada 20.15 h 

¿Unas cosillas? En el super nos agenciamos entre otras… ¡una sandía! ¡Con energía y perfecta para hidratarse! La complementamos con unas tostadas y un café en una cafetería del pueblo completado con un baelecito de “La Vaina Loca” después de poner las alforjas. Yo tenía excusa de cómo venía del día anterior. Leti ninguna.

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¡Sandía para melonas!

Amigos de la MTB… hoy es nuestro día. En La Caridad se acaba la carretera y empieza realmente el camino. Hay unos tramos muy bonitos para la bici de montaña y el camino va muy paralelo a la costa, precioso. Entre otros paramos a ver las vista en la Playa de Peñarronda.

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Así, como que no miramos

Pasamos Tapia y llegamos al puente que une Vegadeo y Ribadeo, Asturias y Galicia, y nos despedimos ya del suelo astur para entrar en el gallego. Paramos un poco para ver la vista de la ría, con el pueblo de Castropol al fondo, amenizada por unos lugareños encantadores. Y aprovechamos para descansar y tomar algo no fuera que llegaramos a Mondoñedo pronto y nos diera algo.

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La ría de Vegadeo-Ribadeo

Saliendo de Ribadeo viene una subida curiosa, el condado de Barreiros. Esta zona me llamó especialmente la atención en este día nublado porque recordó a Mordor. Eran un montón de pueblos de tres casas esparcidos cada poco por el territorio, poca gente que se viera… Cuando sale la conversación de la experiencia de hacer el Camino de Santiago solo siempre digo que me encantaría, pero que siendo chica es un riesgo que no me merece la pena tomar, y esta zona es un claro ejemplo de ello. Respecto a lo que la bici se refiere, este es un tramo de toboganes, acelearse a tope en minibajas para hacer llevaderas las mini pero superinclinadas subidas. Pedal a pedal… llegamos a Lorenza, ya cerca de nuestro objetivo, donde hay una iglesia muy bonita que nos contaron que fue el ensayo de la catedral de Santiago.

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Lourenza girls

Nos quedaba ya poco para llegar a Mondoñedo, pero en una recta saliendo de Lourenza vendría el primero de muchos. ¡Pinchazo! Nos echamos a un lado de la carretera a la puerta de una casa a cambiar la cámara y en cuestión de minutos se formó un corrillo muy salado con las vecinas. Una de las señoras nos contaba todas las nacionalidades de peregrinos que pasaban a diario por la puerta de su casa, que iba de médicos a Madrid y otra que su hijo tenía un restaurante en Chamberí.

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Todo limpio

Solucionado nos pusimos en marcha para llegar a las 20.15 h a Mondoñedo. Nosotras a nuestro estilo, casi la hora a los que muchos peregrinos de los de caminar estar ya metidos en la cama. De hecho cuando salimos a cenar uno ya lo estaba.

Nos quedamos en el albergue municipal. El registro de hace en la Policía, que está en la plaza mayor del pueblo, entrando todo para arriba. Y el albergue está muy bonito. Cenamos en el bar O´Porriño donde después de unas rondas nos comimos una pizza casera que todavía nos sirvió de desayuno.

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Mondoñedo

ETAPA 4: MONDOÑEDO – BAAMONDE 

Salida 9.45 h – Llegada 19:15 h

El día apareció super gallego… totalmente gris, apagado y chispeando. Unido al cansancio que empezabamos a acumular después de tres días, en el desayuno podían verse caras de mirada perdida y silencio. No me hacía falta preguntar para saber que por dentro el pensamiento era “¿por qué?, “¿por qué no me ido una semana a la playa?”, pero ya daba igual, había que continuar. Así que queriendo reetrasar lo inevitable al final salimos con una ligera lluvia cayendonos encima. Genial.

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Me lo estoy pasando genial en el camino de Santiago

La salida de Mondoñedo mejor por el camino, la carretera era un poco peligrosa por el tráfico. Hay un tramo de camino asfaltado por medio de bosque gallego muy bonito. Así llegamos a Abadín, donde tomamos algo en un bar tipo el de Las Brujas de Zumarramendi.

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Laaaaaa-la-la…

De ahí continuamos y… ¡plas! Segundo pinchazo del camino. Revisando la cubierta encontramos un bonito clavo en la rueda de Clara. Y cuando nos poníamos de nuevo en marcha… “¿Y esa rueda Leti?”. Resulta que Leti, sin movernos, también había pinchado. El colmo. Comienzo de la cadena de cambio de rueda de nuevo, excepto Leti que ya se quería pegar un tiro y la dejamos tranquila.

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¿Por qué?, ¿¿Por qué!?

Habíamos perdido un montón del tiempo, el que teníamos para comer, así que continuamos el camino hasta Vilalba, donde paramos en una gasolinera sobre las 5 de la tarde a comprar unas barritas y un Aquarius. Y de ahí sin pausa hasta Baamonde. Cuando estabamos cerca Leti iba muy justa de energías, tuvimos que bajarnos de la bici y caminar algún ratito, pero como la defensa máquina que es aguantó hasta que entramos en Baamonde y paramos en la puerta del albergue.

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Esto también era un momento para inmortalizar

Una mujer del personal de allí nos gastó la broma de decirnos que estaba lleno, ¡pero al ver la cara de Leti cuando oyó eso cortó enseguida! El sitio estaba muy bien, aunque tenía toque de queda a las 22 h. Nos vimos fenomenal. Después de ducharnos cenamos en el bar que está justo al lado y a esa hora estabamos metidas en la cama todavía con la luz del día que entraba por las ventanas.

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Albergue municipal de Baamonde

El resumen de esta etapa fue pedalear y pinchazo, fue como medio fantasma. Pero lo mejor iba a ser el descanso y, por supuesto, la energía acumulada para lo que nos quedaba.

ETAPA 5: BAAMONDE – ARZUA (62 km)

Salida 9.45 h – Llegada 17 h

¡Amanecimos pronto en un soleado día y con las energías recargadas! ¿y qué nos encontramos al coger las bicis? ¡Si!, ¡venga!, decidlo con nosotras: ¡pinchazo! Y por fin le tocó a la mía… la Revel no iba a ser menos.

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En serio, como pille al tuerto que nos está siguiendo le devuelvo la visión

Lo de no salir ni un día pronto ya no era sólo cuestión de lo pesadas que somos. Así que comenzamos el día cambiando rueda, pero no nos retrasó tanto porque cada una ya sabía perfectamente su función en la cadena y en nada estuvo reparada. Mientras cerrábamos las alforjas a la puerta del bar donde desayunamos conocimos a un chico canario, Alfredo, que iba también con la bici y sólo y estuvimos charlando un poco con él. Paramos en una gasolinera a hinchar mi rueda y comenzamos.

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Me encanta esta foto

La primera parada la hicimos en seguida en la casa de un señor que tallaba piedras. Alfredo que iba por delante se había parado allí y nos avisó para que este señor nos sellara la credencial como nunca antes lo habíamos visto. Lo hizo fundiendo cera con un soplete y estampando el sello en ella, muy bonito.

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Paisano Picapiedra

Desde ahí continuamos con Alfredo. Todo camino con algunos sitios muy entrañables, como cuando tuvimos que parar por el rebaño que pastaba en medio, y muy llano.

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Beeeeee

Tomamos un bocata más alante con Alfredo y nos despedimos, aunque nos encontramos más alante con él cuando llegamos al pueblo donde había planeado pasar la noche: Sobaos as Monxes. En este pueblo hay un monasterio donde puedes quedarte a dormir y asistir a la misa donde los monjes cantan gregoriano. La fachada es digna de acercarse y cuando paramos ahí encontramos a Alfredo que estaba esperando a que abrieran por la tarde, eran alrededor de las cuatro.

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¡Pues ya que estás haznos una foto anda!

Nos volvimos a despedir de Alfredo sin saber que no sería el único amigo que haríamos ese día… Saliendo de este pueblo encontramos en el camino a tres señores que se estaban haciendo una foto con el monasterio de fondo. Iban también en bici y había puesto dos bicis en medio apoyándose una en otra en perfecto equilibrio para hacer un trípode improvisado y colocar la cámara con el temporizador. Eran tres jubilados maños con un espíritu muy joven… Moncho, Paco y Manolo. Así que ya que estais y si no os importa…

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¡Gracias majos!

Hicimos juntos lo que quedaba de camino hasta llegar a Arzua a las 17 h (ni nos lo creíamos). El albergue municipal, que es la opción por la que tiramos siempre primero, estaba lleno, así que nos fuimos al que se llama La Vía Lactea. Estaba muy bien también. Nada más dejar allí las bicis nos fuimos con ellos a tomar la caña merecida de bienvenida (¡me gustaba el rollo de estos señores!) y después de la ducha nos fuimos a cenar también todos juntos y les contamos al resto de nuestras amigas que estabamos cenando con tres chicos que habíamos conocido (lo de que nos enseñaban las fotos de sus nietos nos lo ahorramos para darle un poco de emoción). Muy agradable la cena, nos reímos mucho.

ETAPA 6: ARZUA – SANTIAGO DE COMPOSTELA (39 km)

Salida 9 h – Llegada 17 h

¡Nos depertamos sabiendo que hoy veríamos el Obradoiro y que la etapa era cortita! Así lo habíamos programado, tipo la última etapa del Tour para entrar disfrutando en los Campos Eliseos. Manolo, Moncho y Paco habían madrugado más y estaban ya de camino cuando nosotras desayunábamos tranquilamente, pero hoy no había prisa.

Por fin nos pusimos en marcha y en los primeros doscientos metros… ¿qué? Venga, venga, venga, decidlo otra vez: ¡Pinchazo!

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Santiago, ¿qué estás intentando decirnos?

De verdad, somos buenas chicas.

Esto se hacía ya con los ojos cerrados, luego desvío hasta una gasolinera a hinchar la rueda y a ver si como de costumbre conseguimos ponernos en camino. En Arzua el camino del Norte empalma con el Francés, por lo que esta etapa ya la habíamos hecho hace dos años. Se nota además que el camino va ya mucho más cargado de gente (las primeras etapas desde Gijón habían sido muy solitarias) y por eso hoy era un día para disfrutar. Y así hicimos.

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¡Venga que ya lo vemos!

Al llegar a un pueblo que se llama Salceda el camino sale a carretera. Es en esa curva donde hay un bar que se llama “La Casa Verde” donde dos años antes habíamos parado al ver el ambiente que había en la terraza y la enorme castaña que llevaba todo el mundo a costa de la dueña, que iba con la botella de orujo de café distribuyendo chupitos como balas con una recortada. Esta vez como era pronto por la mañana la cosa estaba más tranquila, pero seguía estando divertida. Nos comimos un bocata que recordabamos que estaban ríquisimos, atendidos por aquella la misma camarera, y vimos que Alfredo el canario pasaba con la bici. Le gritamos y se paró a tomar algo con nosotras.

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Bar La Casa Verde. Venga, es pronto pero abrid un poco los ojos chicas

Fue curioso ir recordando momentos del camino de hace dos años según pasábamos por muchos sitios. Entre ellos, la cuesta abajo donde me embalé para poder subir la cuesta arriba que se nos venía encima y donde de la velocidad se me salió el saco de dormir de las alforjas y tuve que parar, volverlo a poner cuando me daban ganas de prenderlo, y subirme la cuesta arriba desde cero. Qué bonito es el camino.

Y pronto llegamos a Monte de Gozo, al monumento de Juan Pablo II. Hace ilusión pensar en el momento en que tantos peregrinos hace siglos llegaban a este sitio habiendo salido de la puerta de sus casas.

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Saltando de la emoción

Y dese ahí arrancamos el último tramo hasta Santiago. Momentos antes de llegar al Obradoiro nos cruzamos por la calle a Moncho, Paco y Manolo ya duchanos paseando, y fueron desde allí andando para acompañarnos en nuestra llegada.

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Oye, ¿y esa rueda? ¡¡Que no!!

Después de estar con ellos un rato en la plaza quedamos en llamarnos más tarde para cenar. Así que giramos la calle para ir al sitio de las credenciales y allí nos cruzamos a Alfredo. ¡Qué pequeño es Santiago! No tardamos nada en conseguir los certificados porque, aunque había mucha cola, abrieron como un segundo mostrado al lado de la puerta de entrada y un azafato nos indicó que pasásemos por allí. Creo que esto fue para compensar lo de los pinchazos.

¿Y si nos tomamos una cerveza antes de ir al hotel? Nos sentamos con Alfredo en una de las mesas de la calle del bar La Tita, el que tiene fama de hacer la mejor tortilla de patata de Santiago (o al menos las más grandes), y mientras tomábamos algo justo pasaron por allí Moncho, Paco y Manolo que se unieron. Nos dieron las diez de la noche ya a copas y hablando de cómo habían conocido a sus mujeres (nos encantan estas historias) y un poco de todo.

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Un Latinazo en Santiago. Qué de gente guapa.

Cómo la terraza estaba pegada a la tienda donde hace dos años dejamos las bicis para que nos las enviaran de vuelta a casa, cuando vimos abrir se las dejamos dentro, y continuamos. Se nos hizo de noche, y fuimos ya entonces al hotel a ducharnos para reencontrarnos todo el grupo. Después de otra copa nocturna Paco, Manolo y Moncho se despidieron (¡esperamos verles por Zaragoza!) y nosotros continuamos con Alfredo en el ambiente del Santiago nocturno.

ETAPA FINAL : SANTIAGO

Nososotras nos damos siempre un día allí antes de volver a Madrid para disfrutarlo un poco. De las cosas básicas a hacer ese día:

  • La misa del peregrinio: a las 12 h todos los días en la catedral. Aunque no seais religiosos personalmente es algo que creo que todo el mundo que ha llegado hasta Santiago merece la pena que vaya, por ver la reunión de peregrinos de todas procedencias y la catedral en pleno funcionamiento. Y cómo no, por ver el espectáculo del botafumeiro. Se puede aprovechar ahí o en cualquier otro momento que la catedral esté más vacío para pasar a dar el abrazo al santo y ver el sepulcro.
  • Mariscomanía: esto fue un gran descubrimiento gracias a que coincidí en una formación interna de mi empresa con una compañera del centro de Santiago. Es un restaurante que está en el Mercado de Abastos. Vais, comprais el marisco que querais en el mercado, y lo llevais allí y os lo cocinan por 4 euros por persona. Pan, bebida y postres a parte. Increíbles las almejas preparadas a la marinera, y al centollo para que todavía le estamos viendo. ¡No todo iban a ser pedales!

  • Café Momo: es un café que está por debajo del mercado al que siempre vamos a tomar café después de comer. Es muy bonito y tiene una terraza encantadora.

Las bicis las mandamos por correo a casa desde la tienda de bicis Ultreia (C/ Nova), junto con el casco y alguna cosa más, por 35 euros. Es la segunda vez que lo hacemos con ellos y todo siempre perfecto. Espero que encontreis esta info útil y que disfruteis de la experiencia.

¡Buen camino!

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¿Os lo habeis creído todo? ¡La verdad fue es esta!

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